Lamentablemente, las noticias sobre violencia de género acaparan portadas día tras día. Pese a las campañas, a la celebración de días, a las manifestaciones en las calles o a las condenas de políticos y personajes públicos, las agresiones y los asesinatos se suceden sin solución de continuidad. Y dentro del problema que supone la violencia de género, hay víctimas que sufren esta situación por partida doble: las mujeres con discapacidad.

Estas  mujeres se enfrentan en ocasiones a una doble discriminación que se acentúa por el hecho de ser mujeres, y tener una discapacidad. De hecho, si comparamos su situación con los otros sectores de población que sufren la discriminación, (las mujeres sin discapacidad y los hombres con discapacidad), queda patente la desprotección que sufren estas mujeres con la discriminación en general, y con la violencia de género en particular.

De hecho, hay estudios como el publicado por el Observatori de Discapacitat Física (ODF) de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE), que afirman que al menos un 23% de las mujeres con discapacidad sufre violencia machista ya sea física, sexual o psicológica. Una cifra que se sitúa ocho puntos por encima de la ya de por sí abultada cifra del 15,10% de mujeres sin discapacidad que sufren de violencia de género. En el informe elaborado por la Fundación Cermi Mujeres a partir de la Macroencuesta de 2015 del Ministerio de Sanidad eleva esta cifra al 31%.

Estos datos se ven reforzados por la Macroencuesta de Violencia de Género de 2011, en el que se aseguraba que la intensidad de la violencia sufrida era un 41% mayor en las mujeres con discapacidad grave que en las que no la tenían. Si además al hecho de ser mujer con discapacidad, se le suman otros factores como el desempleo, un alto grado de dependencia, estar por debajo del umbral de la pobreza, el origen étnico, o ser mujeres muy mayores, la probabilidad de ser objeto de violencia de género se dispara.

Y el problema es que pese a estas cifras terribles, estas mujeres con discapacidad que sufren la violencia de género son prácticamente invisibles para el resto de la sociedad, pese a a que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad que provoca que estén más expuestas a la violencia. Parte de las abultadas cifras de violencia en mujeres con discapacidad responde, según los estudios, a que una parte de estas mujeres tienen menor posibilidad de defenderse o reaccionar frente a los ataques. El hecho de que tampoco tengan el mismo grado de independencia económica que otras mujeres, también contribuye a explicar estos datos. A mayor grado de dependencia, mayores posibilidades hay de sufrir violencia. En otras ocasiones, es la propia percepción que algunos hombres todavía tienen de la discapacidad la que fomenta la violencia contra estas mujeres.

Problemas para atajar los abusos

Si en el caso de las mujeres en general hay muchos problemas para denunciar al maltratador y librarse de él, en el caso de las mujeres con discapacidad estos problemas se multiplican. Por un lado, en casos como las de mujeres con altos grados de discapacidad intelectual o sensorial, tendrán problemas para comunicarse y denunciar la situación. En otros casos, la falta de independencia económica, e incluso, el hecho de ser objeto de agresión por parte de familiares o cuidadores, impide que muchas mujeres puedan escapar del maltratador y buscar ayuda exterior.

También hay casos en los que las mujeres no pueden acceder a la información necesaria, ya que no se encuentra en formatos accesibles, no está redactada de forma que sea comprensible para ellas, o directamente, los servicios de asistencia no están adaptados a las necesidades comunicativas de muchas de estas mujeres. Además, los estudios señalan que muchas mujeres desconocen que están siendo víctimas de violencia, y otras muchas temen que si denuncian la situación, no les crean a causa de su discapacidad. De hecho, un 17% de las mujeres con discapacidad no denuncian por miedo a no ser creídas, según el informe de Fundación Cermi Mujeres. Entre las mujeres sin discapacidad, esta cifra que piensa que no van a creerles se reduce al 8%.

En este sentido, además de fomentar una cultura de igualdad yde la no violencia desde el colegio, es fundamental incrementar la información disponible para que las mujeres con discapacidad puedan acceder sin problemas, además de dar los recursos suficientes a las entidades que deben identificar estas situaciones de violencia.  Desde Diversis Corporación estamos plenamente comprometidos en la lucha contra la violencia de género, trabajando además para proporcionar a las mujeres con diversidad funcional un puesto de trabajo con el que puedan conseguir su independencia económica y su plena integración social.

Fuentes: Abogacía Española / El Periódico  / RTVE

 

 

 

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