El desperdicio alimentario se ha convertido en uno de los grandes problemas de este comienzo del siglo XXI. Pese a que millones de personas pasan hambre en todo el mundo (también aquí, en los países occidentales),  diariamente se tiran a la basura miles de kilos de comida, tanto en los hogares, como en empresas, supermercados, restaurantes, bares… En los países con ingresos medios y altos, el desperdicio alimentario se produce sobre todo en las últimas etapas de la cadena de suministro.

Por poner datos, la Comisión Europea estima que cada año se desechan más de 1.300 millones de toneladas de alimentos en el mundo. Una cifra que representa un 1/3 de la producción mundial. De ellos, 89 millones de toneladas se desperdician en los países de la Unión Europea. Esto quiere decir que de la comida apta para el consumo, se acaba convirtiendo en residuos entre un 30% y un 50%.

Y solo en Europa, se emiten 170 millones de toneladas de CO2 en la producción y eliminación de residuos alimentarios. Por descender un poco más, en España, tiramos cada año a la basura 7,7 millones de toneladas de alimentos cada año. Concretando, cada español tira unos 250 euros en comida al año, de los cuales más del 45% podrían haberse aprovechado si se hubiera planificado su compra, su gestión y si se hubieran almacenado de forma más eficiente.

Estas cifras son un completo desatino, tanto a nivel ético, por el tema de que estamos tirando comida mientas hay gente que pasa hambre, como por la sostenibilidad al dañar el clima, el agua, la tierra y la biodiversidad. Hay que tener en cuenta que en estos momentos de crisis climática, estamos destinando recursos a producir comida que finalmente acaba en la basura. Y este desperdicio tiene una clara incidencia en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Como ejemplo, los alimentos que va a la basura son los responsables del 8% de las emisiones globales de estos gases a nivel mundial. De hecho, hay estudios que señalan que si los alimentos se distribuyen y usan de forma más racional, podríamos evitar en 2050 un 14% de las emisiones provenientes tan solo del sector de la agricultura).

A nivel económico, la FAO estima que el coste total del desperdicio de comida alcanza los mil millones de dólares, a los que hay que sumar 700 mil millones en costes ambientales y 900 mil millones en costes sociales. Cifras que deberían hacernos reflexionar sobre la importancia que tiene combatir el desperdicio alimentario de cara a tener u mundo más sostenible.

 

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