Se considera acoso sexual a la intimidación con naturaleza sexual ejecutada por una persona hacia otra, que en muchos casos acaba siendo un preámbulo para algo peor: los  abusos sexuales o violaciones. Es decir, el acceso al cuerpo de la otra persona para una actividad explicitamente sexual,  producidos mediante la fuerza, la violencia, la coacción… en definitiva, sin el consentimiento de la otra persona.

Una de cada tres mujeres sufre algún tipo de acoso

Aunque nos puede suceder a todos, los acosos y agresiones sexuales afectan más a la población femenina, constituyendo toda una lacra social. Sin ir más lejos, un estudio publicado por El País afirma que una de cada tres mujeres ha sufrido acoso sexual en su lugar de trabajo.

También sucede entre sectores de la población vulnerables como son los niños o las personas con diversidad funcional, que cuentan con el agravante del riesgo de exclusión. Según el diario 20 minutos, un 25% de discapacitados ha sufrido algún tipo de abuso. Por tanto, son las mujeres con discapacidad grupo social más expuesto al acoso sexual.

Las mujeres con discapacidad son el grupo social con más riesgo de sufrir acosos o agresiones sexuales

Existen muchos tipos y grados de discapacidad, pero son precisamente aquellos con escasa movilidad o con discapacidad intelectual los más propensos por su elevada vulnerabilidad, que en muchos casos les impiden reaccionar ante la situación o verbalizarlo para pedir ayuda alertando del problema.

El acoso sexual genera estrés, miedo, ansiedad y una serie de trastornos físicos y psicológicos que afectan a cualquier persona que lo sufre. En el caso de las personas con diversidad funcional, dependerá de su autonomía y dependencia, pero es fundamental observar cualquier tipo de variación en el comportamiento:  insomnio, agresividad, aislamiento.

Ante cualquier muestra de estos síntomas, hay que extremar la precaución y vigilancia porque se trata de personas con dificultad para comunicarse y con un entorno reducido, lo que significa que el agresor puede estar muy cerca, en su entorno: laboral, educativo, familiar…

No obstante, ante cualquier sospecha, hemos de acudir a personal especializado y solicitar orientación para tomar las medidas pertinentes.

 

 

 

 

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