Vivimos en un mundo global en el que podemos comunicarnos con una persona que está al otro lado del planeta, y sin embargo a muchos nos sigue costando cruzar la calle y entrar a ese comercio que tenemos a unos pocos metros simple y llanamente porque no dispone de una rampa habilitada. Lo mismo podemos decir de transportes públicos sin accesos para personas con movilidad limitada o de los bordillos en pasos de cebra. La accesibilidad, la asignatura pendiente de nuestra arquitectura.

Unas veces por antigüedad , otras por necesidad de reformas… algunas viviendas, más que hogares son cárceles para ancianos o personas con discapacidad, que encuentran serias dificultades para poder entrar y salir de ellos. Lo peor es que esto también sucede en espacios públicos. Y, en estos casos es más de lo mismo: obras, permisos y remodelaciones que se demoran e incluso, obras que cortan la calle y tampoco tienen en cuenta a aquellas personas con movilidad reducida.

 Los lugares públicos y la accesibilidad para personas con discapacidad

Es hora  de que las administraciones se pongan duras y se cumpla la ley para algo tan básico para la ciudadanía como la movilidad. Según el decreto  19/1999, de 9 de febrero, del Gobierno de Aragón, por el que se regula la Promoción de la Accesibilidad y Supresión de Barreras Arquitectónicas, Urbanísticas, de Transportes y de la Comunicación,  los itinerarios accesibles tienen que pasar del plano teórico a una realidad en todos los municipios. Se  trata de un mandato constitucional que poco a poco se va instaurando, si bien con menos celeridad de la deseada.

El Código Técnico de la Edificación lo deja claro:  la instalación de rampas para facilitar el acceso es obligatorio en espacios comunes, en edificios públicos y en los edificios residenciales, siempre y cuando lo pida un vecino que lo requiera, ya sea anciano o persona con discapacidad.

Sin duda, la accesibilidad para personas con discapacidad es una obligación legal, y moral, que nos compete a todos. No solo porque tenemos que facilitar la igualdad para todos los ciudadanos de nuestro país, sino porque en cualquier momento, nosotros, un familiar, o alguien de nuestro círculo más cercano, puede necesitar de esos accesos sin barreras.

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